Módulo 2 – Teoría
Técnicas de administración

2. PREVENCIÓN DE LAS COMPLICACIONES DERIVADAS DE UNA MALA TÉCNICA DE ADMINISTRACIÓN DE INSULINAS (LIPODISTROFIAS)

Una técnica de inyección correcta es esencial para el funcionamiento óptimo de la insulina y otros medicamentos que se inyectan para tratar la diabetes. Sin embargo, los profesionales sanitarios rara vez instruyen a los pacientes de forma exhaustiva sobre las técnicas adecuadas, como la importancia de utilizar un tamaño de aguja adecuado a la profundidad del tejido s.c. del paciente, una indicación correcta de cómo rotar las zonas, el cambio de agujas entre inyecciones o revisar las zonas de inyección para detectar lipodistrofias.

La lipodistrofia es una de las complicaciones más frecuentes en la inyección s.c. de insulina y puede presentarse como lipoatrofia (LA) o como lipohipertrofia (LH).

Lipoatrofia

Lipoatrofia en abdomen de mujer de 25 años

La LA es una lesión cicatrizante debida a la atrofia del tejido graso s.c. Varias características de la LA sugieren una etiología inmunológica: es más frecuente en pacientes con DM1, afecta principalmente a las mujeres, que a menudo tienen otros signos de autoinmunidad, y su prevalencia afecta al 1-2 % de las personas que se inyectan.

Lipohipertrofia

La LH es una hinchazón “gomosa” y engrosada del tejido, que en ocasiones está blando y en otras, firme. Aunque la etiología exacta de la LH no está clara, parecen intervenir diferentes factores locales relacionados con la inyección, como la insulina en sí, con sus potentes propiedades de estimulación del crecimiento, los traumatismos repetidos en el mismo lugar cuando los pacientes no rotan las zonas de inyección y el uso repetido de la misma aguja.

La prevalencia es mayor en las LH. Vardar y Kizilci observaron que la prevalencia era del 48,8 % tras la exploración en 215 pacientes turcos que habían estado utilizando insulina durante al menos 2 años, Seyoum y Abdulkadir descubrieron que era del 31 % en 100 personas que se inyectaban insulina en Etiopía y Hauner et al., describieron que era del 28,7 % en 233 pacientes alemanes con DM1. Un estudio español encontró LH en casi dos tercios de los pacientes que se inyectaban (64,4 %, el 72,3 % con diabetes de tipo 1 frente al 53,4 % con diabetes de tipo 2). Un estudio italiano encontró que la prevalencia estaba en el 48,7 %, y un estudio chino que era del 53,1 %.

La detección de LH requiere tanto la visualización como la palpación de las zonas de inyección, ya que algunas lesiones pueden notarse más fácilmente de lo que se ven. En la piel sana se puede dar un pellizco, mientras que en las lesiones de LH no se puede. Tanto los dispositivos de pluma como los de jeringa (y todas las longitudes y los calibres de aguja) se han asociado a la LH, así como las cánulas para bombas de insulina introducidas de manera repetida en el mismo lugar.

En los estudios publicados, aleatorizados y prospectivos no están suficientemente definidos todos los factores causantes de la LH. Sin embargo, las observaciones publicadas respaldan una asociación entre la presencia de LH y el uso de formulaciones de insulina más antiguas y menos purificadas, no rotar el lugar o hacerlo en una zona pequeña, la inyección repetida en el mismo lugar y la reutilización de agujas. En la mayoría de los estudios, se sugiere que la absorción de la insulina en los lugares con LH puede retrasarse o estar alterada, con el posible empeoramiento en el tratamiento de la diabetes. Los datos no publicados de un ensayo realizado en Alemania (comunicación personal, Dr. Treichel, Magdeburg, 2012) han sugerido que, cuando los pacientes cambian las inyecciones de las zonas con LH al tejido sano, la dosis de insulina necesaria para mantener el mismo nivel de control de la glucosa puede reducirse y, en ocasiones, drásticamente. Si esto fuera el caso, habría varias implicaciones importantes: en primer lugar, existe riesgo de hipoglucemia si el paciente no es consciente de este fenómeno cuando cambia la zona de inyección; en segundo lugar, sugiere una forma sencilla y eficaz de reducir la variabilidad glucémica y, posiblemente, mejorar el control de la glucosa sin aumentar las dosis de insulina; y, por último, puede haber un ahorro de costes tanto para los pacientes como para el sistema sanitario gracias a la reducción del uso de insulina.

Por todo ello en pacientes que inician tratamiento con inyecciones s.c. (fundamentalmente insulinas) se deben aplicar estas recomendaciones:

  • Organizar las zonas de inyección: cambiar las zonas según la cinética de la insulina y alternar lado izquierdo y derecho o zona anterior o posterior (p. ej., de una semana a otra o de un mes a otro).
  • Rotar dentro de la misma zona en los mismos horarios de inyección. Una correcta rotación previene lipodistrofias.
  • No reutilizar las agujas. El riesgo de reutilizar las agujas está demostrado en múltiples estudios de investigación por la pérdida y el deterioro del material de la aguja.
  • Explorar periódicamente en los pacientes las zonas de administración de insulinas mediante la palpación y la observación directa.
  • Enseñar a los pacientes y/o su entorno a explorar detenidamente las zonas de administración, prestando especial atención a induraciones, bultos, hematomas etc. Poner en conocimiento del profesional cualquier anomalía encontrada.
  • Desaconsejar el uso de zonas afectadas de lipodistrofias hasta comprobar nuevamente la integridad tisular.

El cuidado en la rotación y el no reuso de agujas son los factores que previenen la aparición de lipodistrofias.