Módulo 1 – Teoría
Comunicación con el paciente y su entorno

5. Inercia terapéutica

Por inercia terapéutica se entiende la falta de actuación del profesional de Enfermería a pesar de detectar un problema de salud susceptible de mejorarse. Esta pasividad se caracteriza por la ausencia de iniciación, intensificación o modificación del tratamiento en aquellos pacientes en situación de mal control que no han alcanzado los objetivos terapéuticos necesarios y que están bien definidos en cualquier guía de práctica clínica.

Una de las causas principales es la falta de formación y entrenamiento del profesional de Enfermería en dirigir su esfuerzo al logro de objetivos terapéuticos, así como la falsa percepción de “hacer bien las cosas”, lo que conlleva a la sobreestimación de la atención prestada y a argumentaciones inconsistentes para evitar la intensificación del tratamiento, como la autopercepción de que el control está mejorando (34%), la creencia de que el paciente no es el mejor candidato a las modificaciones en la dieta o los fármacos (25%), o algunos motivos menos comunes como la creencia de que el objetivo conseguido es suficiente, que la intensificación tiene riesgos para el paciente o que hay un rechazo por parte del paciente.

Otras veces los profesionales, aun siendo conocedores de las recomendaciones establecidas por las guías, no las aplican, es decir, lo reconocen pero no modifican su comportamiento. Esto puede ser debido a la falta de confianza en las recomendaciones (eficacia, aplicabilidad, independencia, etc.), a la falsa impresión del buen grado de control de sus pacientes, a suponer y asumir mala adherencia del paciente, a la falta de habilidades en la gestión clínica ante la existencia de comorbilidad con múltiples objetivos, a la no detección de la coexistencia de patologías enmascaradas que dificultan la adherencia (depresión, toxicomanía, etc.) o a la gestión ineficaz de la relación terapéutica.

Para corregir este problema, la educación y formación de los profesionales de Enfermería ha de estar orientada a tomar conciencia de:


  • Los beneficios que se obtienen en el cuidado si se tienen siempre presente los objetivos terapéuticos.

  • La complejidad del cuidado cuando se combinan distintos factores de riesgo.

  • La necesidad de estructurar la organización de la práctica clínica hacia el control de los objetivos terapéuticos, haciendo un especial énfasis en el trabajo en equipo y multidisciplinar, y donde la persona con diabetes sea el centro de la atención.


Tanto los programas de formación pregrado y postgrado como los de formación continuada, deben hacer hincapié en el manejo proactivo de la diabetes, que no solo incluye los mecanismos de la enfermedad, diagnóstico y tratamiento precoces, sino también habilidades de comunicación terapéutica, entrevista motivacional, desarrollo de pensamiento crítico y el estudio de guías basadas en la evidencia, que faciliten la aplicación de una buena práctica en el cuidado de las personas con diabetes.